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Volcán Etna

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Su actividad volcánica permanente lo convierte en un laboratorio natural insustituible para el estudio de los procesos eruptivos y de las técnicas de vigilancia.

Alcanza una cota de 3345 metros sobre el nivel del mar (altura que adquirió en 1978). La historia de sus frecuentes erupciones ha llegado hasta nosotros gracias a una nutrida serie de crónicas históricas, que nos retrotraen hasta hace más de 2000 años.

¿Dónde se encuentra el volcán Etna en Italia?

El volcán Etna es el volcán activo más grande de Europa. Se levanta junto a la costa nordeste de Sicilia.

Situación exacta del volcán Etna
Imagen sacada de Google Maps @2020 CNES / Astrium, Maxar Technologies

¿Cuándo fue la última erupción del volcán Etna?

La última erupción del monte Etna fue el 9 de julio del 2021 con un tipo de erupción Estromboliana.

Panorámica volcán Etna en un día de buen tiempo

Erupciones históricas

Su historia eruptiva muestra períodos de actividad muy intensa, que han producido modificaciones fisiográficas importantes de la morfología del edificio volcánico y graves perturbaciones en el desarrollo de la actividad humana desarrollada sobre sus laderas. Merece especial mención el ciclo de erupciones que se produjo durante el siglo XVII, la mayor de las cuales destruyó parte de la ciudad de Catania en el año 1669. Al término de este ciclo se produjeron importantes modificaciones morfológicas en la cumbre del volcán, con la formación de un amplio cráter de derrumbe, cuyo diámetro actual es de unos tres kilómetros y medio.

Erupciones recientes

También en el siglo xx ha habido episodios eruptivos de cierta importancia, aunque la energía liberada en ellos no pueda compararse con la de los producidos entre 1610 y 1669. Cabe recordar como una de las más destructivas la erupción de 1928, que afectó a la vertiente nororiental del volcán; la colada de lava se extendió hasta las proximidades de la costa, destruyendo el pueblo de Mascali e interrumpiendo las principales vías de comunicación hacia el norte (carreteras y líneas férreas).

En el siglo XX han ocurrido numerosas erupciones: 1928, 1949, 1971, 1981, 1983, 1991, 1993

En el siglo XXI como ya hemos comentado en 2001.

Volcán muy activo y dañino

Los daños provocados por las pasadas erupciones del Etna resultarían insignificantes si se los comparase con los que producirían actualmente otras de intensidad comparable, dado el desarrollo económico que experimenta la región. Esta es la razón de que la valoración del riesgo volcánico y los daños económicos que este pueda ocasionar sea decisivo en la ordenación del territorio del Etna.

Presentándose como una necesidad continua de obtener nuevos conocimientos sobre las formas de ascenso y de salida del magma, para que pueda formularse un “modelo físico” aceptable del volcán, modelo que deberá tener la flexibilidad necesaria para que se le pueda ir perfeccionando por aproximaciones sucesivas conforme progresen los datos disponibles.

Por si no fuesen suficiente justificación las consecuencias de carácter social, esta exigencia viene reforzada por la abundancia de conocimientos científicos que pueden obtenerse del estudio de los fenómenos volcánicos que con
tanta frecuencia presenta el Etna.

Convergencia entre África y Eurasia

La cuenca del Mediterráneo es un área dominada por procesos de convergencia litosférica, que se han desarrollado
probablemente a partir del Mesozoico (hace unos 80 millones de años), por efecto de las diferentes velocidades
de apertura manifestadas a lo largo de la dorsal centro-atlántica. La mayor velocidad de apertura a lo largo del segmento meridional de la dorsal respecto a la velocidad del segmento septentrional, ha producido una aceleración
relativa del bloque africano en relación a la masa continental eurasiática, provocando en África una rotación antihoraria y llevándola a cerrarse contra Eurasia.

El proceso de convergencia entre África y Eurasia ha producido extensos fenómenos de subducción de la corteza Oceánica “Tetis”, interpuesta entre las dos masas continentales, hasta su completa desaparición.

MAPA que muestra la interacción entre las masas litosféricas
africana y eurasiática (arriba); está dominada por un
proceso de convergencia que ha llevado a la total desaparición
del océano que inicialmente se interponía entre ellas (Tetis).
La colisión continental causó el desmembramiento y la
consiguiente individualización de microbloques dotados de
movimientos relativos entre ellos. La línea de colox rojo representael
límite entre la masa continental africana y la eurasiática;
las de color un poco más claro indican los límites de
los microbloques reconocibles en el área mediterránea. Se
produjeron así situaciones locales de distensión que favorecieron
el ascenso y la erupción del magma basáltico. Como se
observa en la figura de la página derecha, una de estas zonas
se encuentra justo en el margen oriental de Sicilia, donde se
ha desarrollado un difuso vulcanismo basáltico (meseta iblea
y Etna). La disposición distensiva se produce por la rotación
antihoraria del segmento jónico (oriental), que ha proseguido
su avancehaciael noroeste, tras la colisión continental que
tuvo lugar a la altura del segmento siciliano (occidental). Este
avance ha determinado, por una parte, una situación de
tensión en la que se da un cierto vulcanismo basáltico y, por
otra, una situación de compresión propensa a otro andesítico
(arco volcánico delas islas Eolie).
MAPA que muestra la interacción entre las masas litosféricas
africana y eurasiática (arriba); está dominada por un
proceso de convergencia que ha llevado a la total desaparición
del océano que inicialmente se interponía entre ellas (Tetis).

La actual situación geodinámica hace pensar que el proceso de convergencia haya llegado a un estadio senil de evolución, habiéndose realizado la colisión entre las masas continentales opuestas. Esta colisión se ha desarrollado
a través de una serie de sucesos diacrónicos, por la compleja geometría de los márgenes continentales opuestos.
En consecuencia se ha producido, a lo largo de toda la franja de contacto, una intensa desarticulación que ha
permitido la individualización de microbloques locales, en movimiento los unos respecto de los otros, así como
respecto a las masas continentales africana y eurasiática, más amplias.

El mosaico de bloques reconocibles en la cuenca del Mediterráneo es por lo tanto el resultado de la compleja interacción continental al final del largo proceso de convergencia.

La complejidad del cuadro evolutivo de la actividad volcánica de la cuenca Mediterránea refleja la más general que caracteriza la disposición geotectónica de la zona, conforme al papel que se le reconoce unánimemente al vulcanismo como indicador de los procesos geodinámicos.

Las manifestaciones volcánicas que se han sucedido en la cuenca mediterránea están representadas sobre todo
por magmas de naturaleza orogénica, lo que resulta coherente con la disposición estructural, dominada por procesos
de convergencia litosférica.

También ha habido situaciones locales de distensión tectónica que han favorecido la ascensión y la erupción
de magma basáltico. Una de estas áreas es precisamente el margen oriental de Sicilia, donde se han producido
intensas y continuas manifestaciones eruptivas de naturaleza basáltica desde finales del Mioceno (hace unos 10 millones de años), en una franja que se extiende tierra adentro hasta unos 30 o 40 kilómetros de la costa jónica. Su continuo desplazamiento hacia posiciones cada vez más septentrionales terminó por alcanzarla zona donde hoy se encuentra el volcán Etna.

¿Cuál es el origen del volcán Etna? Origen, características e historia evolutiva.

La actividad volcánica de la zona del Etna se inició en el Pleistoceno medio-superior (hace unos 700.000 años),
iniciándose de modo predominante en ambientes submarinos, pues la región estaba ocupada entonces por un
amplio golfo —conocido comúnmente con el nombre de Golfo Pre-etneo— que se abría a lo largo de la costa de Sicilia y que separaba el altiplano Tbleo, al sur, de la cadena de los montes Peloritani, al norte.

Historia Evolutiva

A esto le siguió el levantamiento tectónico de la zona, lo que, junto a la progresiva acumulación de los materiales
eruptivos, provocó su emersión. Las manifestaciones volcánicas posteriores asumieron así un carácter predominantemente atmosférico, formándose un edificio volcánico de escudo, que actualmente constituye la
base de la estructura activa del Etna.

Esta primera fase de actividad eruptiva se caracterizó por ser las efusiones de lava de naturaleza toleítica o transicional, cuya elevada fluidez, unida a la poca importancia de las manifestaciones explosivas asociadas, llevaron a la formación de un edificio de suave morfología domiforme, típica precisamente delos llamados “volcanes de escudo”.

Las características del magma evolucionaron hacia productos cada vez más alcalinos y diferenciados (basalto alcalino, hawaita, murgerita, tefrita y benmoreíta). También varió el carácter de las manifestaciones eruptivas, con un aumento creciente de los fenómenos explosivos, lo que modificó la morfología del edificio volcánico, cuyas vertientes resultaron
cada vez más pendientes, tendiendo a adoptar la forma típica de un “estrato volcán”.

La historia evolutiva del Etna como estrato volcán está marcada por sucesivas alternancias de fases constructivas
y destructivas, testimoniadas por las amplias depresiones caldéricas que se abren hoy sobre su flanco oriental y que se han producido por el derrumbe de grandes masas, situadas en las posiciones más altas de los edificios volcánicos preexistentes.

Una de las principales características fisiográficas del Etna es precisamente la presencia de un amplio anfiteatro, situado en la vertiente oriental del edificio volcánico. Esta depresión, llamada Valle de Bove, está limitada por paredes así verticales cuyo perímetro mide cerca de 18 kilómetros y presenta una amplia abertura hacia el este.

Probablemente es el resultado de la reunión de varias calderas, debida a repetidos derrumbes individuales. Su existencia testimonia la evolución de los ciclos eruptivos que terminan formando calderas.

Una prueba adicional de que este tipo de fenómenos se repiten en el Etna, aunque no sean frecuentes, la constituye la presencia de otras estructuras diferentes en forma de caldera (Cráter Elitico, Valle del Leone y Cráter del Piano), formadas en fechas más recientes pero que ya se encuentran parcialmente cubiertas por los materiales eruptivos posteriores.

Todos estos derrumbes de calderas se alinean en dirección ONO-ESE y muestran una constante migración hacia posiciones cada vez más occidentales.

La presencia de las calderas, que suele ir asociada con materiales eruptivos relativamente diferenciados, así como su ubicación, inducen a pensar que este tipo de estructura se produce en condiciones que corresponderían a prolongadas permanencias del magma en situaciones relativamente superficiales, facilitando su diferenciación.

Aunque el cráter central del Etna sea muy destacado, presenta también un gran número de bocas adicionales,
algunas de las cuales parecen independientes del sistema principal de alimentación, que han originado la formación de varios centenares de conos adventicios por los flancos del edificio volcánico, hasta la cota de aproximadamente 100 metros sobre el nivel del mar.

Etna erupcionando por la ladera del volcán

La distribución de estos conos y de las fracturas eruptivas asociadas no parece casual o meramente condicionada por una simetría radial, sino que más bien está ligada a la orientación de la estructura tectónica de la zona.

Episodios eruptivos

La mayoría de las erupciones del Etna son del tipo efusivo con fenómenos locales de desgasificación asociados,
lo que resulta en la formación de conos de escorias, que suelen alinearse según una fractura eruptiva clara. Las dimensiones de tales edificios parásitos son muy variables, pudiendo alcanzar en algunos casos volúmenes considerables de hasta 90 millones de metros cúbicos (900 metros de diámetro en la base y 300 metros
de altura).

Aunque esto sea así, especialmente en tiempos históricos, existen pruebas geológicas (desplome de calderas, amplias zonas de piroclastos, coladas piroclásticas locales, etc.) de que en tiempos pasados hubo fases en que la actividad fue sobre todo de tipo explosivo.

Los episodios eruptivos por el cráter principal del Etna son más frecuentes que los producidos a diversas alturas por los flancos del edificio volcánico.

El cráter principal se encuentra casi siempre en erupción, por lo que esta actividad se caracteriza con el adecuado termino de “persistente”. Está constituida por un espectro relativamente amplio de fenómenos, entre los que se encuentran la actividad estromboliana, las efusiones lentas, las fuentes de lava y las explosiones volcánicas, entre otros.

Recordemos que los eventos eruptivos más importantes producidos en tiempos históricos fueron los de la parte superior del Etna, que provocaron vistosas modificaciones fisiográficas, entre las que se encuentra la formación de una caldera de derrumbe (Cráter del Piano) en el año 1669, al término de un ciclo de erupciones que ha sido el más violento de los últimos tiempos.

Tras esta fase eruptiva paroxística, tanto las erupciones de la cumbre como las delos flancos se han desarrollado con
mayor regularidad. Durante el presente siglo, las manifestaciones casi continuas del cráter superior del noroeste, formado en 1911, junto a las más esporádicas erupciones del cráter central han constituido un telón de fondo prácticamente constante, caracterizado por una velocidad media de colada de unos 0,2-0,3 metros cúbicos por segundo. A esto hay que añadir las erupciones individuales de los flancos, cuyas características se reflejan en la tabla de la figura 4 para las más importantes. También se han producido muchas otras erupciones de menor importancia.

¿Cuánto magma expulsa el volcán Etna?

Una estimación del volumen medio de magma expulsado por la actividad volcánica de flanco durante el siglo XX asciende a unos 0,25 metros cúbicos por segundo. Si se suma esta cifra a los volúmenes medios emitidos en el mismo período por los cráteres de la zona superior, resulta una emisión total media de magma de entre 0,4 y 0,5 metros cúbicos por segundo.

Estos valores son claramente inferiores a los que se obtienen si se hace un cálculo equivalente para el
período de tiempo considerado como el más “productivo” de la época histórica, es decir, entre 1610 y 1669, pues
entonces las emisiones superaron los 0,83 metros cúbicos por segundo.

¿Cuáles fueron la erupciones mas catastróficas del volcán Etna?

Las erupciones más catastróficas del Etna que se recuerdan se produjeron pues en el siglo XVII, destacando entre ellas
la de 1669, que concluyó el ciclo y fue la responsable de la destrucción parcial de la ciudad de Catania.

Las características petrológicas de los materiales expulsados por el Etna llevan a la conclusión bastante segura de que el origen de su magma se encuentra en el manto superior, debajo de la corteza continental, que, en esta zona, posee un espesor de entre 35 y 40 kilómetros.

Las hipótesis relativas a la salida de la masa magmática, tanto desde el punto de vista cinemático como del
dinámico, son en cambio mucho más especulativas. Los modelos propuestos pueden dividirse básicamente en
dos grupos contrapuestos, cuyo principal elemento de contraste es la supuesta geometría del “dique magmático”
situado bajo la corteza. La presencia generalizada de productos eruptivos relativamente diferenciados entre las rocas volcánicas del Etna hace que goce de amplia aceptación la idea de que los procesos de diferenciación magmática se realizan en la zona situada bajo la corteza, donde el magma permanece como etapa de su ascensión hacia la superficie.

ETNA efectuada por el satélite Skylab en
1973. La imagen en falso color revela con extrema claridad algunas de
las características fisiográficas más destacadasdel edificio
volcánico. Inmediatamente a la derecha (Este) de la zona
superior puede verse la gran depresión en forma de anfiteatro
denominada Valle del Bove; es resultado de sucesivos derrumbes de calderas. Estos fenómenos afectaron el edificio volcánico
del Etna, cuyo eje eruptivo principal se ha ido desplazando continuamente
desde oriente hacia occidente. También puede apreciarse
un gran número de cráteres adventicios sobre los flancos.
Su distribución superficial no es resultado de la casualidad, sino
que parece condicionada por zonas de debilidad estructural.
ETNA efectuada por el satélite Skylab revela con extrema claridad algunas de
las características fisiográficas más destacadas del edificio
volcánico.

Los factores que condicionan primordialmente estos procesos de diferenciación son el tiempo de permanencia en condiciones más o menos superficiales y la presión reinante. Hay investigadores que piensan que el dique magmático que alimenta la mayoría de las erupciones del Etna está situado a pocos kilómetros de profundidad y en cambio tiene una gran extensión horizontal. Esta masa magmática superficial ejercería la función de “pulmón” en la dinámica
del volcán, que se vería muy afectada por los procesos de alimentación y de drenaje del dique superficial.

Pero hay hipótesis alternativas, según las cuales la disposición del dique magmático del Etna sería predominantemente
vertical, siendo el resultado de los sistemas de fractura regionales que atravesarían todo el espesor de la corteza continental y se extenderían hasta la misma fuente magmática situada bajo ella. A favor de esta hipótesis habla el hecho de que entre los materiales emitidos por el volcán no se encuentren elementos que demuestren interacciones importantes entre el magma y las rocas circundantes de la corteza, cosa que cabría esperar en el caso de que el
dique superficial tuviese una gran extensión horizontal.

Otro dato que parece confirmar la mayor validez de esta segunda hipótesis resulta de prospecciones sísmicas realizadas conjuntamente por grupos de investigadores italianos e ingleses. La finalidad del experimento era detectar la presencia y reconstruir la forma de eventuales cuerpos que se hallasen situados debajo de la corteza y fuesen
capaces de atenuar de manera importante la propagación de la energía sísmica.

Los resultados obtenidos indican la presencia de tales cuerpos, si bien su disposición horizontal parece limitarse a un eje de orientación NESO, lo que resulta coherente con la dirección de las principales estructuras tectónicas regionales.
La aceptación de una u otra alternativa influye en la formulación de las hipótesis relativas a los mecanismos de penetración y de erupción del magma. Lo que resulta indudable es la implicación de la estructura tectónica regional, sea como fuente de estímulos que perturben el precario equilibrio de la masa magmática o como discontinuidades de la corteza que permitan que el magma ascienda con facilidad y alcance la superficie.

El tipo de actividad volcánica que ha caracterizado al Etna en los últimos tiempos se presta con singular eficacia a la realización de investigaciones dirigidas a la definición de un modelo significativo del aparato eruptivo. El estado de actividad persistente del volcán y su fácil accesibilidad representan elementos de insustituible valor para afrontar el estudio de los procesos eruptivos.

Es ilógico buscar respuestas a las muchas cuestiones pendientes sobre los fenómenos volcánicos utilizando modelos que no puedan someterse a comprobaciones experimentales rigurosas.

El Etna representa, en tal contexto, un laboratorio natural insustituible y peculiar que permite experimentos de dimensiones temporales y espaciales adecuadas en aspectos no reproducibles ni simulables de otra manera. La continuidad de su actividad eruptiva favorece la contrastación frecuente de la metodología adoptada, lo que permite modificar las hipótesis de trabajo en base a los nuevos conocimientos que se vayan adquiriendo.

La red de estaciones instrumentales de que se dispone para la toma y la transmisión automática de datos, que abarca los aspectos sísmicos, cliométricos y magnéticos de forma regular, constituye un valioso recurso empírico a disposición de los investigadores de todos los países.

Entre los varios centenares de volcanes activos que hay en el mundo son muy pocos los dotados de actividad persistente.

La simple enumeración de sus nombres:

  • Niragongo y Erta*Ale en Africa
  • Kilauea y Yehueen el Pacífico
  • Erebus en Antártida

permite darse cuenta de las dificultades logísticas y organizativas que presenta la programación de investigaciones sistemáticas en cualquiera de ellos.

Es evidente, por otro lado, que los resultados obtenidos en el Etna, o en cualquier otro volcán cuya actividad permita observaciones sistemáticas, no pueden transferirse ni aplicarse sin más a otros sistemas volcánicos, más que tras la adopción de las necesarias cautelas críticas.

Toda posible extrapolación debe tener en cuenta las características individuales del sistema volcánico de que se
trate, las más importantes de las cuales son la composición del magma y el contexto estructural que lo hospede.

Bibliografía complementaria

  • DER ETNA. Sartorius Von Walterschausen, Leipzig, 1880.
  • STRUCTURE AND EVOLUTION OF MOUNT ETNa. A. Rittmann en Philosophical Transactionsofthe Royal Society of London, vol. 274, pp. 5-16, 1973.
  • EVOLUTION OF A SECTION OF THE AFRICA EUROPE PLATE BOUNDARY: PALEOMAGNETIC AND VOLCANOLOGICAL EVIDENCE FROM SICILY. F. Barberi, L. Civetta, P. Gasparini, F. Innocenti yL. Villari en Earth and Planetary Science Letters,
    n.*22, pp. 123-132, 1974.
  • Carta geológica del monte Etna escala 1:50.000. Progetto Finalizzato Geodinamica. Instituto Internacional de Vulcanología, 1979.
  • THE FEEDING OF THE ERUPTIVE ACTIVITY ON ETNA VOLCANO. THE REGIONAL STRESS FIELD AS A CONSTRAINT TO
    MAGMA UPRISING AND ERUPTION. G. Frazzetta y L. Villari en Bulletin Volcanologique, vol. 44, n.23, 1981.

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